banner
sábado, 28 de junio de 2025
La dama de pique II
LA DAMA DE PIQUE II
LA DAMA DE PIQUE
LA DAMA DEL PIQUE
gándole que fuese a verla inmediatamente. El excéntrico personaje acudió, sin pérdida de tiempo, a la llamada de mi abuela hallándola sumida en horrible desesperación. Le describió con los más sombríos matices la barbarie de su esposo y, finalmente, le dijo que depositaba toda su esperanza en su amistad y en su gentileza. Saint Germain quedóse pensativo.
-Puedo prestarle a usted la cantidad que necesita -le manifestó, pero sé que no se sentirá tranquila mientras no me la pague, y no quisiera crearle nuevas inquietudes. Existe otro medio: puede tomarse el desquite si juega de nuevo.
-Pero, amable conde-respondió mi abuela, si le estoy diciendo que carecemos absolutamente de dinero.
-Para eso no precisa dinero replicó Saint Germain-. Tenga la bondad de escucharme.
Y entonces le reveló un secreto, por el cual cada uno de nosotros pagaría un precio muy elevado...
Los jóvenes jugadores redoblaron su atención. Tomski encendió su pipa, tragó el humo y prosiguió:
-Aquella misma noche mi abuela se presentó en Ver-salles, au jeu de la Reine. El duque de Orleans llevaba la banca. Mi abuela se disculpó mansamente por no haber satisfecho su deuda, inventó una pequeña historis tara justificarse, y se sentó con el duque a jugar. Eligió tres cartas, colocándolas una a continuación de la otra; con las tres ganó logrando un desquite completo.
-¡Cosas de azar! -opinó uno de los jóvenes.
-Eso es un cuento! -manifestó Hermann.
-Pudiera ser que las cartas estaban marcadas? -dijo un tercero.
-No lo creo-repuso gravemente Tomski.
-¡Cómol -exclamó Narumov-, ¿tienes una abuela que
hoja 1
EL JUICIO
8
EL JUICIO
EL JUICIO
EL JUICIO
EL JUICIO
EL JUICIO
ria Ivanovna. Pero me acometió de pronto una repug uancia invencible, porque imagine que si pronunciaba su nombre, la Comisión la requiriria para que también re pondiera de sus actos, que, además, su nombre se veria envuelto con las odiosas calumnias de los malvados, y has ta podría suceder que tuviera que soportar un caren con ellos. Esta idea terrible afectóme de tal manera que me quedé aturdido y desconcertado.
Mis jueces que, al parecer, habían comenzado a e cuchar mis respuestas con cierta benevolencia se predis pusieron de nuevo contra mi al ver la confusión que de mostraba. El oficial de la Guardia exigió que me ca rearan con el principal delator. El general ordenó llamar al "malhechor de ayer". Me volvi vivamente hacia la puerta, esperando la aparición de mi acusador. A kos pocos minutos oyóse el resonar de una cadena, abrióse la puerta y se presentó Shvabrin. Me dejó sorprendido la transformación que se había operado en él. Estaba terri blemente pálido y enflaquecido. Sus cabellos, hasta hacia poco tan negros como la pez, habian encanecido por com pleto, su larga barba estaba enmarañada. Repitió acusaciones con voz débil, pero resuelta. Según sus pala bras, yo había sido enviado por Pugachov a Orenburg en calidad de espia, cada dia salia de excursión con el silo objeto de entregar información escrita acerca de lo que ocurría en la citadad, y que, finalmente, me habia pasado. al enemigo de modo descarado, viajando con el impostor de fuerte ea fuerte, para procurar, por todos los medios, hundir a mis otros compañeros de traición, para ocupar sus puestos y aprovecharme de las recompensas que distri buia el impostor. Le escuchaba en silencio y sentíame -tisfecho por una cosa: el nombre de Maria Ivanovna na había sido pronunciado por el abyecto canalla, quizá por
que su amor propio sifria al sudo pentaniruta de la que habia rechazado con desptrcin, o bien pumpen congzon conservata una chipa del mismo sent me habia obligado a callar a mi. Avi es que, cсон цагта qor fuese, el nombre de la hija del omamlade no fue revelado ante la comision. Yo me afirm mas en mi prope sido, y cuando los jueces me preguntaron que como podria refutar las acusaciones de Shvalırin, respondi que me ate ia a mi primera declaración y que nada más postia añadir en si defensa. El general ordenó qur nos retirasen. Sa limos juntos. Miré a Shvabrin trampuilamente, sin diri girle la palabra. A au rostro asomó una sonrisa perversa, levantó sus cadenas y se me adelantó con paso acelerado De auevo me encerraron en la prisión y no volvien a interrogarme.
No fui testigo de lo que me resta por dar a conocer al lector. Pero he oido narrarlo tan frecuentemente, que hasta los más pequeños detalles han quedado grabados en mi memoria, pareciéndome, además, como si de modo invi sible hubiera estado presente en ellos,
Maria Ivanovna había sido acogida por mis padres con esa sincera y cordial hospitalidad que distinguia a las gentes del pasado siglo. Consideraban una hendición de Dins la oportunidad que habian tenido de amparar y col mar de atenciones a una pobre huérfana. Muy pronto le Momaron verdadero afecto, pues era imposible conocerla y no llegar a quererla. Mi padre ya no consideraha mi smor como una extravagancia, y mi madre no ansiaba otra cusa sino que su Petrusha se casara con la linda hija del capitin.
La noticia de mi arresto sorprendió a mi familia. Maria Ivanovna habiales narrado con tal sencillez y naturalidad mi chocante amistad con Pugachov, que ella no les pro-
3
EL JUICIO
EL JUICIO
EL ARRESTO
EL ARRESTO
a Orenburg y, al parecer, atestó a la sublevación el úl timo y decisivo golpe. Por aquel entonces Zurin habla sido enviado contra las bandas de bashkirios sublevados, quienes se disolvieron antes que les echáramos la vista en cima. La primavera nos bloqueó en una aldehuela tártara. Los rios desbordados hicieron intransitables los caminos. Consolábanos en nuestro ociosidad la evidencia del ya próximo fin de una guerra fastidiosa y de poca monta con tra bandidos y salvajes.
Mas Pugachov no había sido apresado. Apareció en las factorias siberianas, donde organizó una nueva banda res nudando sus fechorías. Volvió a circular el rumor de su éxitos con la noticia de que habia atrasado los fuertes sihe-rianos. Muy pronto, la caída de Kazán y la información de que se dirigia a Moscú alarmó a kis mandos militares, que, despreocupadamente, habian permanecido aletarga dos, confiando en la impotencia del menospreciado rehelde.
Zurin recibió la orden de atravesar el Vol Volga
No relataré las incidencias de nuestra campaña ni ed final de la guerra. Brevemente dire que las calamidades llegaron al máximo. Pasamos por poblaciones devastadas por los sublevados, y nos incautábamos de lo que sos po-bres habitantes habian logrado salvar. La administración había cesado en sus funciones: los terratenientes se escon dian en lo bosques. Por todos los rincones deambulaban grupos de bandidos dedicados al pillaje, sus jefes decreta-ban, arbitrariamente, castigos u otorgaban indulgencia; en la enorme provincia, donde se ensañaba la pasión, la situación era terrible. Que no permita Dios conocer un levantamiento ruso, absurdo y cruel!
Pugachov huyó perseguido por Iván Ivanovich Mijelson y pronto nos enteramos de su completa derrota. Zurin re ribió, al fin, la noticia de la captura del impostor al
mismo tiempo que la orden de detenerse. La guerra ha bia terminado. ¡Ya podia regresar a la casa de mis padres! La idea de que volvería a abrazarlos, de que veria pennto Maria Ivanovna, de quien no tenia ninguna noticia, me lenaba de entusiasmo. Brincaba como un niño. Zurin w
reia y, enongicidose de hombros, manifestaba Tú acabarás mal! ¡Te casarás y serás un hombre per-
didol Sin embargo, un sentimiento insolito empañaba mi ale gria inevitablemente perdia el sosiego en cuanto evocaha al malhechor, salpicado con la sangre de tantas victimas insocentes, y pensaba en la ejecución que le esperaba Emilión, Emilian! meditaba con lastima. Pos
qué no tropezarias con una bayoneta o caerías bajo la me tralla? Hubiera sido lo mejor para ti. ¿Qué quieren ustedes? Al recordarle, inevitablemente venia a mi imagi nación el perdón que me concedió cuando atravesaba uno de los instantes más horribles de mi vida, asi como la l beración de mi prometida del miserable Shvabrin.
Zurin me concedió permiso y, pasados unos cuantos dias, me hallaria de nuevo con mi familia y con Maria Ivanovna... Pero, inesperadamente, me sobrevino un nuevo infortunio.
El día señalado para mi partida, y en el momento en que iba a ponerme en camino, Zurin se presentó en mi isha con un papel en la mano y con aspecto extremada-mente preocupado. Me dio un vuelco al corazón, y me asusté sin saber por qué. Hizo salir a mi ayudante y me dijo que le traia un asunto relacionado conmigo.
-¿Qué sucede? -pregunté intranquilo. -Algo desagradable-respondió alargándome el papel-, Lee lo que acabo de recibir.
Comencé a leer: se trataba de una orden secreta, diri
hoja 4
EL ARRESTO
EL ARRESTO
EL ARRESTO
LA HUÉRFANA
LA HUÉRFANA
lina Pamfilovna, Dios ha querido que pasara de largo el nubarrón. Y Alexei Ivánich, įvaya un pájarol
Abrióse la puerta dando paso a Maria Ivanovna, que venía con una sonrisa en su pálido semblante. Se habia despojado de la ropa campesina y vestia sencilla y gracio samente como en otros tiempos.
Tomé su mano y no fui capaz de pronunciar palabra en un rato. Ambos guardábamos silencio con el corazón henchido.
Los dueños de la casa, reparando que no estábamos para ellos, nos dejaron solos. Nos parecía que todo había quedado atrás. Hablamos sin descanso. María Ivanovna me relató lo que le había acontecido dasde la caída del fuerte, describióme su espantosa situación y las duras prue-bas a que la sometió el odioso Shvabrin. Evocamos los felices tiempos pasados... Y los dos lloramos... Final-mente, le expuse mis proyectos. No podía quedarse en el fuerte dominado por Pugachov y bajo el mando de Shva-brin. No había ni que pensar en dirigirse a Orenburg. donde se padecian todas las calamidades del asedio. Y como no tenía pariente alguno, le propuse que se fuera a la aldea con mis padres. Al principio dudaba: sentia temor por el desafecto que mi padre habia evidenciado hacia ella. Traté de tranquilizarla. A mi me constaba que mi padre estimaría un honor y una obligación dar cobijo a la hija de un valeroso soldado que había sucum bido por la patria.
-Querida Maria Ivanovnal le dije finalmente. Te considero mi esposa. Unas circunstancias asombrosas nos han unido indisolublemente nada podrá separarnos. Maria Ivanovna me escuchaba con naturalidad, sin falsa timidez y sin evasivas ingeniosas. Sentía que el destino habia ligado su suerte a la mia. Pero reiteraba que sería
mi mujer únicamente con el consentimiento de mis padres No la contradije. Nos besamos franca y apasionadamente v. de esta manera, todo quedó decidido entre nosotros.
Pasada una hora el cabo me entregó el salvoconducto fumado con los garabatos de Pugachov, quien habia or denado que me presentara a él. Le hallé dispuesto para el camino. No puedo explicar los sentimientos que me asaltaban al separarme de aquel horrible sujeto, monstruo so y malvado para todos menos para mi. ¿Por qué no de-cir la verdad? En aquellos instantes una corriente de simpatia me impulsaba hacia el. Hubiera deseado ardien temente poder apartarle del circulo de bandidos que ca-pitaneaba y salvar su cabeza cuando aún no era tande. Pero la presencia de Shvabrin y de la muchedumbre que nos rodeaba impedianme expresar lo que sentía mi corazón. Nos despedimos amigablemente. Al descubrir entre el gentio a Akulina Pamfilovna, Pugachov le hizo un gesto amenazador con el dedo y un guiño intencionado; después se sentó en el carruaje y ordenó salir para Bierd. Cuando los caballos arrancaron, asomóse del trinco y me grito:
-¡Adiós, vuestra señoria! ¡Quizá volvamos a vernos al-guna vez!
Efectivamente, volvimos a vernos, pero jen qué mo mento...1
Pogachov partió. Me quedé mirando largamente la alba estepa por la que volaba su trineo. La gente se disolvió, Shvabrin había desaparecido. Regresé a la vivienda del sacerdote, donde todo estaba preparado para el viaje que no quería diferir más. Colocaron nuestras pertenencias en la antigua carreta del comandante Engancharon pronto los caballos. Maria Ivanovna fue a despedirse de la tumba de sus padres, enterrados detrás de la iglesia. Quise acom pañarla, pero me rogó que la dejara ir sola. Volvió a los
4
LA HUÉRFANA
LA HUÉRFANA
Entradas populares
-
Despedida (Alejandra Pizarnik) Mata su luz un fuego abandonado. Sube su canto un pájaro enamorado. Tantas criaturas ávidas en mi silencio...
-
SOLEDADES (1899-1907) EL VIAJERO Está en la sala familiar, sombría, y entre nosotros, el querido hermano que en el sueño infantil de un cl...
-
Superpoder (Fabián Casas) Como si fuera un superpoder, tiene los sentimientos encapsulados. Cuando los abre están tal cual los dejó. Podr...




















