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sábado, 28 de junio de 2025

EL ARRESTO

 



a Orenburg y, al parecer, atestó a la sublevación el úl timo y decisivo golpe. Por aquel entonces Zurin habla sido enviado contra las bandas de bashkirios sublevados, quienes se disolvieron antes que les echáramos la vista en cima. La primavera nos bloqueó en una aldehuela tártara. Los rios desbordados hicieron intransitables los caminos. Consolábanos en nuestro ociosidad la evidencia del ya próximo fin de una guerra fastidiosa y de poca monta con tra bandidos y salvajes.


Mas Pugachov no había sido apresado. Apareció en las factorias siberianas, donde organizó una nueva banda res nudando sus fechorías. Volvió a circular el rumor de su éxitos con la noticia de que habia atrasado los fuertes sihe-rianos. Muy pronto, la caída de Kazán y la información de que se dirigia a Moscú alarmó a kis mandos militares, que, despreocupadamente, habian permanecido aletarga dos, confiando en la impotencia del menospreciado rehelde.


Zurin recibió la orden de atravesar el Vol Volga


No relataré las incidencias de nuestra campaña ni ed final de la guerra. Brevemente dire que las calamidades llegaron al máximo. Pasamos por poblaciones devastadas por los sublevados, y nos incautábamos de lo que sos po-bres habitantes habian logrado salvar. La administración había cesado en sus funciones: los terratenientes se escon dian en lo bosques. Por todos los rincones deambulaban grupos de bandidos dedicados al pillaje, sus jefes decreta-ban, arbitrariamente, castigos u otorgaban indulgencia; en la enorme provincia, donde se ensañaba la pasión, la situación era terrible. Que no permita Dios conocer un levantamiento ruso, absurdo y cruel!


Pugachov huyó perseguido por Iván Ivanovich Mijelson y pronto nos enteramos de su completa derrota. Zurin re ribió, al fin, la noticia de la captura del impostor al


mismo tiempo que la orden de detenerse. La guerra ha bia terminado. ¡Ya podia regresar a la casa de mis padres! La idea de que volvería a abrazarlos, de que veria pennto Maria Ivanovna, de quien no tenia ninguna noticia, me lenaba de entusiasmo. Brincaba como un niño. Zurin w


reia y, enongicidose de hombros, manifestaba Tú acabarás mal! ¡Te casarás y serás un hombre per-


didol Sin embargo, un sentimiento insolito empañaba mi ale gria inevitablemente perdia el sosiego en cuanto evocaha al malhechor, salpicado con la sangre de tantas victimas insocentes, y pensaba en la ejecución que le esperaba Emilión, Emilian! meditaba con lastima. Pos


qué no tropezarias con una bayoneta o caerías bajo la me tralla? Hubiera sido lo mejor para ti. ¿Qué quieren ustedes? Al recordarle, inevitablemente venia a mi imagi nación el perdón que me concedió cuando atravesaba uno de los instantes más horribles de mi vida, asi como la l beración de mi prometida del miserable Shvabrin.


Zurin me concedió permiso y, pasados unos cuantos dias, me hallaria de nuevo con mi familia y con Maria Ivanovna... Pero, inesperadamente, me sobrevino un nuevo infortunio.


El día señalado para mi partida, y en el momento en que iba a ponerme en camino, Zurin se presentó en mi isha con un papel en la mano y con aspecto extremada-mente preocupado. Me dio un vuelco al corazón, y me asusté sin saber por qué. Hizo salir a mi ayudante y me dijo que le traia un asunto relacionado conmigo.


-¿Qué sucede? -pregunté intranquilo. -Algo desagradable-respondió alargándome el papel-, Lee lo que acabo de recibir.


Comencé a leer: se trataba de una orden secreta, diri

hoja 4

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