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sábado, 28 de junio de 2025

LA HUÉRFANA

 



pocos minutos, anegada en silenciosas lágrimas. Nos acer-caron la carreta. El padre Guerasim y su esposa salieron a despedirnos. Nos sentamos en el carruaje María Ivanov-na, Palasha y yo. Savielich subió al pescante.

-¡Adiós, María Ivanovna, queridita! ¡Adiós, Piotr An-dreich, bravo muchacho! -exclamó la afable popesa-. ¡Feliz viaje y que Dios os conceda felicidad!

Partimos. Divisé a Shvabrin, que se hallaba ante la ventana de la comandancia. Reflejábase en su rostro un sombrio rencor. No quise alardear de mi triunfo delan-te del derrotado enemigo, y desvié la mirada. Por fin, de-jamos a nuestra espalda las puertas del recinto vallado y abandonamos para siempre, el fuerte de Bielogorsk 
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