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sábado, 28 de junio de 2025

EL JUICIO


tanto, Maria Ivanovna tomó asiento en la carroza y se diri. gió a palacio, escoltada por los consejos y las bendiciones de Anna Blasievna.

María Ivanovna presentia que nuestra suerte estaba echada; su corazón latia agitadamente lleno de zozobra. A los pocos minutos, la carroza se detuvo ante palacio. Su-bió temblorosa la escalinata. A su paso, las puertas se abrian de par en par. Atravesó una serie de suntuosas estancias vacías, el lacayo la precedía, indicándole el ca-mino. Al llegar ante unas puertas cerradas, la dejó sola para ir a anunciarla.

La idea de que se iba a ver, cara a cara, con la empe-ratriz, causábale tal pavor que dificilmente se mantenia en pie. No tardaron en abrirse las puertas, y penetró en el camarin de la soberana.

La emperatriz se ocupaba de su tocado. Rodeahanla varias damas de honor, que, respetuosamente, cedieron el paso a Maria Ivanovna. La soberana se dirigió a ella cari ñosamente, y Maria Ivanovna vio que era la misma dama con la que tan confiadamente habia conversado minutos antes. La soberana la ordenó acercarse y, sonriendo, le dijo:

-Me siento complacida porque he podido cumplir la palabra que le di satisfaciendo su petición. Su problema ha sido resuelto. Estoy convencida de la inocencia de su prometido. Aquí tiene esta carta, que usted misma ha de tomarse la molestia de entregar a su futuro suegro. Maria Ivanovna tomó la carta con mano trémula y, rom piendo en llanto, arrojóse a los pies de la emperatriz, quien

la levantó y le dio un beso. La soberana añadió -Sé que no es usted rica, pero estoy en deuda con la hija del capitán Mironov. No se preocupe por su por venir. En mis manos quedan los asuntos de su fortuna.

Después de colmar de atenciones a la pedre huérfana, is woberana despidiose de ella. Mania Ivanovа терезе en la misma catroza. Anna Blasievna, que bolna reperade anpaciente su vuelta, la acoso a preguntas, a las que Maria Jeanovna respondió veladamente. Y aunmpo a Azusa Bla devna no le satisfizo su falta de memoria, achavila, sin embargo, a su timidez provinciana, y generosamente, la disculpó. Aquel mismo dia, sin sentir la curiosulad sle echar un vistazo a Petersburgo, Maria Ivanovna inició el regreso a la aldea.....

Aqui se interrumpen los apuntes de Piotr Andreievich Geinev. Por las tradiciones familiares se ha llegado a sa ber que fue liberado de su encierro a finales de 1774, por orden de una persona ilustre, que estuvo presente en la ejecución de Pugachov, quien le reconoció entre la muchedumbre y le saludó con un movimiento de su ca-beza, que al cabo de un minuto era mostrada, muerta y ensangrentada, a la multitud. No tardó mucho Piotr An drejevich en contraer matrimonio con María Ivanovna. Su descendencia vive prósperamente en la provincia de Sim-birsk. A unas treinta verstas de existe un pueblo, pro-piedad de una decena de terratenientes. En una de las estancias señoriales se exhibe una carta autógrafa de Cata Ina II, enmarcada en un cuadro con eristal, remitida al padre de Piotr Andreievich. Contiene la absolución de tu higo, asi como encomios a la inteligencia y al corain de la hija del capitán Mironov

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