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viernes, 18 de julio de 2025
sábado, 28 de junio de 2025
La dama de pique II
LA DAMA DE PIQUE II
LA DAMA DE PIQUE
LA DAMA DEL PIQUE
gándole que fuese a verla inmediatamente. El excéntrico personaje acudió, sin pérdida de tiempo, a la llamada de mi abuela hallándola sumida en horrible desesperación. Le describió con los más sombríos matices la barbarie de su esposo y, finalmente, le dijo que depositaba toda su esperanza en su amistad y en su gentileza. Saint Germain quedóse pensativo.
-Puedo prestarle a usted la cantidad que necesita -le manifestó, pero sé que no se sentirá tranquila mientras no me la pague, y no quisiera crearle nuevas inquietudes. Existe otro medio: puede tomarse el desquite si juega de nuevo.
-Pero, amable conde-respondió mi abuela, si le estoy diciendo que carecemos absolutamente de dinero.
-Para eso no precisa dinero replicó Saint Germain-. Tenga la bondad de escucharme.
Y entonces le reveló un secreto, por el cual cada uno de nosotros pagaría un precio muy elevado...
Los jóvenes jugadores redoblaron su atención. Tomski encendió su pipa, tragó el humo y prosiguió:
-Aquella misma noche mi abuela se presentó en Ver-salles, au jeu de la Reine. El duque de Orleans llevaba la banca. Mi abuela se disculpó mansamente por no haber satisfecho su deuda, inventó una pequeña historis tara justificarse, y se sentó con el duque a jugar. Eligió tres cartas, colocándolas una a continuación de la otra; con las tres ganó logrando un desquite completo.
-¡Cosas de azar! -opinó uno de los jóvenes.
-Eso es un cuento! -manifestó Hermann.
-Pudiera ser que las cartas estaban marcadas? -dijo un tercero.
-No lo creo-repuso gravemente Tomski.
-¡Cómol -exclamó Narumov-, ¿tienes una abuela que
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EL JUICIO
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ria Ivanovna. Pero me acometió de pronto una repug uancia invencible, porque imagine que si pronunciaba su nombre, la Comisión la requiriria para que también re pondiera de sus actos, que, además, su nombre se veria envuelto con las odiosas calumnias de los malvados, y has ta podría suceder que tuviera que soportar un caren con ellos. Esta idea terrible afectóme de tal manera que me quedé aturdido y desconcertado.
Mis jueces que, al parecer, habían comenzado a e cuchar mis respuestas con cierta benevolencia se predis pusieron de nuevo contra mi al ver la confusión que de mostraba. El oficial de la Guardia exigió que me ca rearan con el principal delator. El general ordenó llamar al "malhechor de ayer". Me volvi vivamente hacia la puerta, esperando la aparición de mi acusador. A kos pocos minutos oyóse el resonar de una cadena, abrióse la puerta y se presentó Shvabrin. Me dejó sorprendido la transformación que se había operado en él. Estaba terri blemente pálido y enflaquecido. Sus cabellos, hasta hacia poco tan negros como la pez, habian encanecido por com pleto, su larga barba estaba enmarañada. Repitió acusaciones con voz débil, pero resuelta. Según sus pala bras, yo había sido enviado por Pugachov a Orenburg en calidad de espia, cada dia salia de excursión con el silo objeto de entregar información escrita acerca de lo que ocurría en la citadad, y que, finalmente, me habia pasado. al enemigo de modo descarado, viajando con el impostor de fuerte ea fuerte, para procurar, por todos los medios, hundir a mis otros compañeros de traición, para ocupar sus puestos y aprovecharme de las recompensas que distri buia el impostor. Le escuchaba en silencio y sentíame -tisfecho por una cosa: el nombre de Maria Ivanovna na había sido pronunciado por el abyecto canalla, quizá por
que su amor propio sifria al sudo pentaniruta de la que habia rechazado con desptrcin, o bien pumpen congzon conservata una chipa del mismo sent me habia obligado a callar a mi. Avi es que, cсон цагта qor fuese, el nombre de la hija del omamlade no fue revelado ante la comision. Yo me afirm mas en mi prope sido, y cuando los jueces me preguntaron que como podria refutar las acusaciones de Shvalırin, respondi que me ate ia a mi primera declaración y que nada más postia añadir en si defensa. El general ordenó qur nos retirasen. Sa limos juntos. Miré a Shvabrin trampuilamente, sin diri girle la palabra. A au rostro asomó una sonrisa perversa, levantó sus cadenas y se me adelantó con paso acelerado De auevo me encerraron en la prisión y no volvien a interrogarme.
No fui testigo de lo que me resta por dar a conocer al lector. Pero he oido narrarlo tan frecuentemente, que hasta los más pequeños detalles han quedado grabados en mi memoria, pareciéndome, además, como si de modo invi sible hubiera estado presente en ellos,
Maria Ivanovna había sido acogida por mis padres con esa sincera y cordial hospitalidad que distinguia a las gentes del pasado siglo. Consideraban una hendición de Dins la oportunidad que habian tenido de amparar y col mar de atenciones a una pobre huérfana. Muy pronto le Momaron verdadero afecto, pues era imposible conocerla y no llegar a quererla. Mi padre ya no consideraha mi smor como una extravagancia, y mi madre no ansiaba otra cusa sino que su Petrusha se casara con la linda hija del capitin.
La noticia de mi arresto sorprendió a mi familia. Maria Ivanovna habiales narrado con tal sencillez y naturalidad mi chocante amistad con Pugachov, que ella no les pro-
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EL JUICIO
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