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miércoles, 11 de junio de 2025

ÉL SARGENTO DE LA GUARDIA






campaña, por ejemplo, llegas a una población, que puedes matar el tiempo? No siempre vas a estar fumigan do a los judíos, Forzosamente acudes a la posada y no tienes otro remedio que echar mano del billar; por esa hay que aprender!

Yo estaba plenamente convencido de que le asistia la razón, y me lancé al aprendizaje con gran ahínco. Zurin me animaba ruidosamente, admirándose de mis rápidos pro-gresos; después de unas cuantas lecciones propuso que nos jugáramos el dinero, tan solo un céntimo dijo, más que por la ganancia, por no jugar en vano, lo que, según sus pala-bras, és una pésima costumbre. Accedí. Zurin pidió un ponche y me invitó a probarlo, mientras repetía, una y otra vez, que tenía que ir acostumbrándome a los hábitos del servicio, jy qué era el servicio sin ponches! Le obedeci y nuestro juego proseguía. Cuando más bebía, mayor era mi audacia. Consecuentemente se me iban las bolas por la borda; me enfadaba y regañaba al servidor del billar, quien efectuaba el recuento como Dios le daba a entender, y que, de hora en hora, multiplicaba las partidas. En una palabra, me comporté como un chiquillo en vacaciones.

El tiempo transcurrió insensiblemente. Zurin miró el re-loj, dejó el taco y declaró que me había ganado cien ru-blos. Quedé algo desconcertado. Mi dinero estaba en poder de Savielich. Empecé a presentarle mis excusas, pero Zurin me interrumpió:

-¡Nadal No se te ocurra preocuparte. Puedo esperar y, mientras tanto, vamos a casa de Arinushka.

¿Qué quieren? Terminé el día tan licencioso como lo había comenzado. Cenamos donde Arinushka. Zurin me servía la bebida a cada momento, repitiéndome que preci saba ir acostumbrándome al servicio. Cuando nos levantanos de la mesa,a dura penas podía sostenerme en pie y, medianoche,Zurin me llevó a la posada 

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Savielich me esperala a la entrada. Dio un respingo al ver los indulables sintomas de mi celo por el servicio.

-Pero ¿qué es esto, señor? ¿Qué te ha ocurrido? ¡Ay.

Dios miol ¡Jamás he visto en mi vida pecado mayor! -Calla, vejestorio! le jespondi tartamudeando. Τά. seguramente, estás borracho, vete a dormir... y acuéstame.

Al otro dia amaneci con dolor de cabeza y con un vago recuerdo de los acontecimientos de la vispera. Savielich interrumpió mis pensamientos al cotzar en mi habitación con una taza de té.

-Pronto, Piotr Andreich-dijo con continuos movimien tos de cabeza, demasiado pronto empiezas a divertirte. ¿A quién te pareces? Creo yo que ni tu padre ni tu abuelo fueron unos borrachos, de tu madre, nada hay que decir: excepto kras jamás llevóse a la boca bebida alguna. ¿Y quién es el culpable de todo? El maldito mu-sie. Más de una vez solia pedirle a Antipievna: Madame, se vu pri, vodka. ¡Ahí tienes el se vu pril ¡Bien te aleccionó el hijo de perral ¡Qué falta haría tomar como preceptor a un extranjero! ¡Ni que el señor careciera de personal

propio! Me sentia avergonzado. Dándole la espalda, dije:

-Sal de aquí, Savielich, no tengo ganas de té.

Pero era dificil tranquilizarle cuando se emperraba en una regañina.

-Ya ves, Piotr Andreich, a lo que conduce el beber unas copas. La cabeza se pone pesada y se pierde el apetito. El borracho es una persona que no sirve para nada... Anda, tómate esta sopa de pepinos con miel, aunque el mejor remedio para desemborracharse es medio vasito de licor. ¿Te lo sirvo?

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