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miércoles, 11 de junio de 2025

EL GUIA

 



senta años y conservabase lozano v arrecho. Savielich train el baúl de las provisiones y pidió fuego para preparar té, del que nunca crei estar más necesitado. El due salió a cumplir el encargo.


-¿Dónde está el guía? -pregunte a Savielich.


-Aqui, vuestra señoría respondió una voz desde lo alto.


Eché una mirada a las literas y distinguí unas negras barbas y dos ojos brillantes.


-¿Qué, amigo, te has helado?


-¡Cómo no voy a helarme con esta casaca tan delgada! Tenia un capote y, ¿por qué negarlo?, anoche se lo em peñé al tabernero; no parecía que la helada habría de ser tan fuerte.


Entró el dueño con el samovar hirviendo. Ofreci al guía una taza de té y el hombre bajó de la litera. Tenia un aspecto notable: de unos cuarenta años de edad, de estatura mediana, delgado y de anchos hombros; su negra barba empezaba a encanecer, sus ojos eran grandes, vivos e inquietos. Su rostro tenía una expresión bastante agra-dable, aunque astuta; llevaba los cabellos recortados en semicírculo y vestía una casaca andrajosa y amplios pan-talones tártaros.


Le acerqué la taza de té; tomó un sorbo e hizo un gesto de desagrado.


-Su señoría-dijome-, si quiere hacerme un favor, dis ponga que me traigan un vaso de vino, no es el té una bebida muy apropiada para un cosaco.


Cumpli su deseo de buena gana. El amo sacó del ar mario una garrafita y un vaso, se acercó al guía y, mirán dole a la cara, dijo:


-¡Vaya, de nuevo por nuestras tierras! ¿De dónde te envia Dios?

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Mi guia hizo un guiño cargado de sentido y respondió proverbialmente:


"Al huerto entré por cañamón, la vieja me apedret, pero falló." Y bien, ¿qué es de vosotros?


-¡Qué quieres que te digal respondió el durin, pro siguiendo su alegórica charla-, "Quisieron tocar a vispe ras, pero la mujer del pope lo impidió el pope estaba de visita y el diablo en la sacristía,"


-Calla, hombre-continuó mi vagabundo, si llueve, tendremos setas, y si tenemos setas, tendremos otras cosas. Y ahora dijo repitiendo el guiño esconde el hacha a tu espalda que viene el guardia. ¡Vuestra señorial ¡A salud!


Tomó el vaso, se santiguó y bebió de un solo trago. Después me hizo una reverencia y volvió a su litera.


No pude sacar nada en limpio de toda aquella jerga de pillos; pero más tarde adiviné que se habían referido a asuntos relacionados con el ejército de Yaik, que por aquel entonces había sido derrotado después del levantamiento de 1772.


Savielich escuchaba con expresión de profundo descon-tento, mirando desconfiadamente ya al guía, ya al posa-dero. La hostería, o umet, como se denominaba por aque-llas tierras, hallábase en un lugar apartado de la estepa, lejos de toda población, y parecía, más bien, un refugio de bandidos. Pero era inútil preocuparse, pues, de todos modos, no podíamos proseguir el viaje. La intranquilidad de Savielich me divertía. Me dispuse a pasar la noche tendiéndome en un banco. Savielich decidió hacerlo en el hueco de la estufa y, el posadero, en el suelo. Bien pronto


toda la isba roncaba y yo me dormí como un muerto. Al despertarme, ya avanzada la mañana del día siguien te, vi que la ventisca había amainado. Brillaba el sol y la

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