banner

sábado, 28 de junio de 2025

EL FEUDO DE LOS SUBLEVADOS

 

Después de dejar al general me encaminé apresurada-mente a mi alojamiento. Savielich me recibió con uno de sus acostumbrados sermones.

-¡Buenas ganas tienes, señor, de ajustar cuentas con bandidos borrachos! ¿Acaso es esa una ocupación de ca-balleros? Cuando menos lo pienses, te perderás sin pena ni gloria. Si lucharas, al menos, contra turcos o suecos; pero, hasta es pecado decir contra quienes te peleas.

Corté su plática preguntándole

hoja 1

-¿Cuánto dinero me ha podido quedar?

Bastante respondió con aire satisfecho, por más que rebuscaron los truhanes, yo pude esconderlo a tiempo. Y, con estas palabras, extrajo del bolsillo una larga bol. sa de punto, repleta de plata.

-Bien, Savielich le dije, entrégame la mitad y qué date con el resto. Marcho para el fuerte de Bielogorsk -¡Padrecito Piotr Andreich! -exclamó mi buen precep-

tor con voz temblorosa. Reflexiona, ¡cómo vas a ponerte en camino en estos tiempos, cuando no se puede ir a nin guna parte por culpa de los bandidos! Compadécete, por lo menos, de tus padres, ya que no tienes piedad de ti mismo. ¿Adónde tienes que ir? ¿Para qué? Aguarda un poco: llegarán tropas y atraparán a los malechores; en-tonces podrás viajar por los cuatro puntos cardinales.

Pero mi decisión era inquebrantable.

-Ya es tarde para reflexionar contesté al anciano-. Tengo que ir, no queda otro remedio. ¡No te aflijas, Sa-vielich; Dios es misericordioso, y quizá volvamos a vernos! No tengas reparos y no seas tacaño. Compra lo que ne-cesites, aunque sea caro. Ese dinero te lo regalo. Si den-tro de tres días no he regresado...

-Pero ¿qué dices, señor? me interrumpió Savielich-. ¡Que te deje ir solo! Ni en sueños me lo pidas. Si has resuelto hacer el viaje, iré tras de ti, aunque sea a pie; no pienso abandonarte. ¡Cómo voy a quedarme sentado al cobijo de la muralla sin til ¿Es que piensas que me he vuelto loco? Como quieras, señor, pero no me separaré de ti.

Sabía que con Savielich era inútil discutir, y le auto-ricé para que hiciese los preparativos para el camino. Al cabo de media hora montaba en mi magnífico caballo, y Savielich en un rocín flaco y cojo, que le había regalado

hoja 2



No hay comentarios.:

Publicar un comentario

dónde sea brilla

Entradas populares