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viernes, 20 de junio de 2025

EL AMOR

 



rida de Piotr Andreich no le escrito para no sobresaltarle en vaño, y ya sé que la señora, nuestra madre Avdotia Basilievna, está en cama por el susto recibido, y por su salud rezaré a Dios. Piotr Andreich fue herido debajo del hombro derecho, en el pecho, bajo el mismo hueso, con una profundidad de una vershka y media, y estuvo asistido en casa del comandante, adonde lo llevamos desde la orilla del río, y lo curó nuestro barbero, Stepan Para-monov, ahora, Piotr Andreich, gracias a Dios, está sano, y sobre él no puedo escribir nada que no sea bueno. Los jefes están satisfechos con él; y para Basilisa Yegorovna es como un hijo. Y sobre el suceso que le ha acaecido, en el que fue un bravo, no es para reprochárselo: el caballo tiene cuatro patas y también tropieza. Y sobre lo que us ted me escribe, que me pondrá a guardar los cerdos, usted manda.


Reverentemente, su fiel slervo


Arsip Savielich."


Mientras leía la carta del buen viejo, no pude evitar el sonreír repetidas veces. Yo no estaba de humor para responder a mi padre y consideré que la carta de Savielich sería suficiente para que mi madre se tranquilizara.


Mi situación sufrió un cambio. Ahora María Ivanovna apenas hablaba conmigo y, por todos los medios, procu-raba evitarme. La casa del comandante se me hizo inso-portable. Me fui acostumbrando a permanecer solitario en mi alojamiento. Basilisa Yegorovna me reconvenia, al principio, por ello, pero, ante mi obstinación, acabó por dejarme en paz. Con Iván Kuzmich me veía solamente por exigencias del servicio. Con Shvabrin hablaba rara-

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mente y de mala gana, y más aún cuando me percaté que abrigaba una encubierta hostilidad hacia mí, lo que me confirmó en mis sospechas. La vida me resultaba odiosa. Sumíme en un sombrio retraimiento, alimentado por la soledad y la inactividad, que enardecía mi amor y aumen-taba mi pena. Perdí el placer por la lectura y el interés por la literatura. Me desanimé por completo, y temi vol-verme loco, o caer en una vida disoluta. Los inesperados sucesos que tuvieron lugar, y que tan decisiva influencia ejercieron en mi existencia, dicron una fuerte y oportuna sacudida a mi espíritu. hoja 10


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