encuentra bien; además, me dices dónde tiene la herida v si ha sido curado como es debido."
Evidentemente, Savielich tenía razón, y yo, sin funda-mento alguno, le había ofendido con mis reproches y sos-pechas. Le pedí disculpas, pero el anciano mostróse in-consolable.
-¡A lo que he llegado! Al fin de mis años y de mis servicios, vaya unas mercedes que he alcanzado de mis señores! ¿Yo un perro viejo, un porquero y, además, el culpable de tu herida? ¡No, padrecito Piotr Andreich! ¡No he sido yo, sino el maldito music el responsable de todo! ¡Fue él quien te enseñó a chocar con barras de hierro y a patear, como si con choques y pataleos pudiera uno guardarse de una persona malvada! ¡Qué necesidad habría de tomar al musie y gastar dinero en balde!
¿Quién, entonces, se había tomado el trabajo de infor-mar a mi padre sobre mi comportamiento? ¿El general? Aparentemente, no se ocupaba mucho de mí; e Iván Kuz-mich, no consideró necesario dar cuenta de mi duelo. Per-diame en conjeturas, hasta que mis sospechas se fijaron en Shvabrin. Solamente él podría beneficiarse descubriéndo-me, ya que la consecuencia no podía ser otra que mi rup-tura con la familia del comandante. Fui a comunicar todo esto a María Ivanovna. Me recibió en el porche.
-¿Qué le ha pasado? -preguntó al verme. ¡Qué pá lido está!
-¡Todo ha terminado! -respondi entregándole la carta de mi padre.
Y ahora fue ella la que perdió el color. Después de leerla, me la devolvió con mano temblorosa y dijo con insegura voz:
-Está visto que mi suerte... Sus padres no me quie ren en su familia. ¡Que se haga la voluntad del Señor!
hoja 7
Dios sabe mejor que nosotros lo que nos conviene. Ya no hay remedio; que, por lo menos, sea usted feliz..
-¡Eso no ocurrirá! -grité apoderándome de su mano-. Tú me quieres, y yo estoy dispuesto a todo. Vamos, arro-jémonos a los pies de tus padres; ellos son gente sencilla, y no unos despiadados orgullosos Nos bendecirán y nos casaremos..., y después, con el tiempo, confío en convencer a mi padre a fuerza de ruegos, y me perdonará; mi madre se pondrá de nuestra parte.
-No, Piotr Andreich me interrumpió Masha-, no me casaré contigo sin la bendición de tus padres, pues sin ella no podrás ser feliz. Acatemos la voluntad divina. Si en-cuentras otra novia, si te enamoras de otra, que Dios te acompañe, Piotr Andreich; yo, por los dos..
Rompió en llanto y se alejó de mí. Hubiera deseado ir tras ella, pero me di cuenta de que era incapaz de domi-narme, y regresé a casa.
Me hallaba sentado, absorto en hondas meditaciones, cuando Savielich cortó mis ideas.
-Aquí tiene, señor dijo alargándome un trozo de pa-pel escrito, entérese de si soy el delator de mi propio se-ñorito y de si intento incitar al hijo contra el padre.
Tomé el papel. Era la respuesta de Savielich a la carta que le había escrito mi padre. Hela aquí, palabra por palabra:
"Muy señor mío, Andrei Petrovich, įnuestro padre be-nevolente!
"He recibido su bondadoso escrito, en el que se enoja conmigo, su esclavo, diciéndome que debería avergonzar-me por no cumplir las órdenes del señor; pero yo no soy un perro viejo, sino un fiel servidor suyo, que cumplo las órdenes del señor y que siempre le he servido celosa-mente hasta llegar a ver mi cabeza blanca. Sobre la herida de...
hoja 8












